HISTORIA DEL CODIGO QR
El código
QR nació en 1994 en los laboratorios de Denso Wave (filial del grupo Toyota),
de la mano del ingeniero Masahiro Hara. Su objetivo era muy concreto: acelerar
el seguimiento de piezas en las líneas de montaje, donde un único paquete podía
llevar varios códigos de barras. Hara buscó una marca que se leyera de un
vistazo, desde cualquier ángulo, y encontró una pista visual en el tablero del
juego Go: fichas negras y blancas sobre una cuadrícula. De allí surgió la idea
de una matriz bidimensional de módulos claros y oscuros que un lector pudiera
identificar con gran rapidez.
¿Qué hace
especial a un QR?
• Es una
matriz cuadrada de “módulos” con tres patrones de posicionamiento en las
esquinas que permiten al escáner orientarlo sin importar cómo esté girado.
• Incluye
zonas de sincronización y una “zona silenciosa” alrededor para que el lector lo
reconozca con fiabilidad.
• Emplea
corrección de errores (códigos Reed–Solomon) en cuatro niveles; con el más alto
puede recuperarse la información incluso si se deteriora alrededor de un tercio
del símbolo.
• Existen
40 “versiones”, desde 21×21 hasta 177×177 módulos, que escalan la cantidad de
datos: en condiciones favorables, un QR puede almacenar hasta unos 7.000
dígitos, alrededor de 4.300 caracteres alfanuméricos o cerca de 3.000 bytes.
• Utiliza
patrones de enmascaramiento para evitar grandes zonas uniformes y mejorar la
lectura en cámaras reales.
Hara y su
equipo lo llamaron “Quick Response” porque se decodifica extremadamente rápido.
Denso Wave mantuvo las patentes pero decidió no cobrar licencias y lo llevó a
estandarización internacional, lo que impulsó su adopción global. De una
necesidad industrial pasó a la vida diaria: hoy abre menús, valida billetes,
comparte contactos y enlaza información con un simple encuadre de la cámara.

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